Dispuestos a soñar

...Quiero brincar al vació, quiero saltarme tu olvido, quiero atender mis latidos, y morirme antes de que llegue tu egoísmo...

viernes, 19 de octubre de 2012

Arena en los dedos

Desearía que juntos enterráramos los pies y sentir esa cálida sensación en los dedos, de humedad si hace frío y está mojada, de calor si el sol nos ofreciera esa extraña sensación de delicia, de granitos calientes entre cada dedito, de la arena por supuesto, si ser fuego, sin ser agua o viento, tierra, solo granos de piedritas, que algún día  vinieron de algún volcán me dijeron. Desearía que luego el viento salado del mar, o dulce del río, pues no sabría decirte donde mi deseo nos arrastraría, que el viento revoltoso nos llevara un par de metros atrás, donde una gran casa nos aguarda, como castillo de doncella, de piedras grandes y gruesas, esas que al verlas enamoran y dan fuerza. Jugar al rato, quien llega primero a la orilla y con sus dedos pequeños toca el agua,volver tiritando y buscar refugio en el gran ventanal, donde justo detrás nos espera la estufa. Desearía sentarme contigo a no ver nada y verlo todo, a no oír nada y al mismo instante escucharlo todo, oír el reloj, único en la casa, ese que se detuvo hace ya tanto tiempo, pero que suena de igual forma, avisando, que aviso, nada menos que su hora congelada. A escuchar nuestros resonantes corazones, nuestros suspiros constantes y quejantes,  saboreando la paz y la soledad más acogedora.
Desearía que arrojados en mantas  viéramos por las ventanas de cristal al sol saludarnos, despedirnos con beso en rayos, pues hasta no nos vera hasta mañana. Luego largarnos porque la casa es enorme, los libros son muchos y la vida es corta. Desearía andar con pies descalzos, recuerda antes nuestros pasa tiempo más esperado, por el muelle de madera, aquel añejo y áspero, sentir su porosidad mientras manos toman las tuyas, suaves y tibias. Creer y sentir con cada latido, con cada paso en aquel muelle olvidado, rememorado por nosotros, se prenden las farolas como luciérnagas en verano. A la orilla de aquellas tablas húmedas saludar ahora a la luna, la mitad de esta pues la otra duerme todavía. Oír las olas chocando, meternos como caracolas en oídos, viajar a través de sus curvas, que al fin son aforismos, aunque poco tiene sentido, pues con nuestros ojos vemos, con nuestros oídos oímos y con nuestros corazones sentimos.
Desearía que a la mañana saliéramos corriendo de paseo en paseo, perdernos, por las calles angostas sólo meternos, andar por horas mirando balcones, haciendo que jugamos, que somos desconocidos. Que los vestidos vuelan, que las cabelleras naufragan, y el sol nos empapa nuevamente, sereno y feliz, ardiente y sutil. Por las calles de piedras andar en dos ruedas, como turistas en bicicletas, niños jugando, nosotros recordando, las calles limpias como nuestras pasadas penas. Desearía que nos sentáramos debajo de un enorme árbol, con flores o frutas colgando, observando los techos y tejados, inventar charlas de pasajeros, que hablan y susurran, pero no entendemos. Correr por la pradera, entre pastos altos y secos, bajos y verdes, rodar colina abajo como dos bichos bolitas, morirnos de risas. Tú con pasto en pelo, yo con tierra en cara. Desearía que justo lloviera, corriendo rápido por las calles nuevamente pequeñas, como si al correr nos mojáramos menos, ilusa fantasía, que es lo mismo, que poco nos importa. Oler y saborear sin degustar, la tierra mojada, el agua en la cara, con otros aromas mezclados. Resguardarnos hasta que pare, y luego correr al barco, al vote o lancha, andar un par de horas y antes que el sol se duerma, volver al castillo enorme, nuestra casa, que nos extraña y espera. Dormir escuchando la música de fondo, de aquel paisaje que nos mira día a día, leyendo algún libro, mirando película.
Desearía verte dormir con sonrisa en rostro, que aquella te alumbre la vida, que tus heridas no amanezcan y sin embargo desaparezcan. Dormir verte, en sueños aún más bellos, que lo que hoy te cuento, mi deseo. Ser enorme y fuerte, que nadie se te acerque, que te teman, por temerme.
Desearía contarte mi deseo, aunque fueran utopías de mi mente y mi cerebro. Desearía decirte que en nuestra fortaleza, nuestro castillo de princesa, frente mar o río, arena y agua, muelles y caminos, siempre con luna y sol en escena, contarte o solo susurrarte que en aquel deseo, más que sueño, anhelo, pase contigo mejores momentos., de estación en estación, primavera, verano, otoño, invierno.
Desearía, desearía que veas, que veas lo que yo veo, aunque el reloj se quede quieto, nuestras almas cabalgan , nuestras vidas siguen viviendo, aunque hoy no sea cierto, solo sueño, desearía, desearía mañana fuese cierto.

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